Academia Luz de Luna

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Nuestra Historia

Antes de ser una academia, Luz de Luna fue un deseo: crear un lugar donde la danza pudiera hacer por otras personas algo parecido a lo que había hecho por Evelyn.



Una historia que comenzó con la danza

Silueta danzante en la academia

En uno de los momentos en los que se sintió más perdida, la danza se convirtió para ella en refugio. Fue un espacio donde pudo expresarse, sentirse libre y volver a encontrarse consigo misma. Por eso, cuando imaginó la posibilidad de crear su propia academia, no quería limitarse a enseñar pasos y técnica. Quería construir un lugar de paz y armonía, donde otras personas pudieran sentirse seguras para bailar, equivocarse, crecer y, quizá, encontrar en la danza un refugio propio.

También quería crear una comunidad. Una donde las personas pudieran acompañarse, crear vínculos y sentirse parte de algo parecido a una familia. Un espacio donde distintas disciplinas pudieran convivir y enriquecerse entre sí, porque para ella la danza siempre había sido mucho más que una sola forma de movimiento.

Así nació Academia Luz de Luna.

Una luz que acompaña

Alumnas y maestra en una clase de acondicionamiento

El nombre tiene una historia todavía más personal. Luz de Luna nació e inauguró sus puertas un 17 de enero, en honor a la mamá de Evelyn: su Luna.

Fue ella quien sembró desde pequeña el gusto por la danza y las artes. Y cuando, en algún momento del camino, Evelyn llegó a pensar en dejar la danza, ese vínculo y ese recuerdo también se convirtieron en una fuente de fuerza para continuar.

Por eso, Luz de Luna representa esa luz que permanece incluso cuando no podemos verla. Una luz que acompaña, que orienta y que recuerda que siempre puede existir un motivo para seguir bailando.

Brindar una formación integral en danza que combine técnica, creatividad y expresión, acompañando a cada persona en un proceso de aprendizaje cercano, respetuoso e inclusivo. Buscamos que, a través del movimiento y la danza, cada integrante descubra sus capacidades, fortalezca su confianza y desarrolle herramientas que puedan acompañarle tanto dentro como fuera de la academia.

Cinco personas, un salón y muchas ganas de comenzar

Primera generación de alumnas

La academia comenzó con apenas unas cinco personas. Era 2022 y todavía se vivían las consecuencias de una pandemia que había transformado la vida de todos y que había golpeado especialmente al mundo del arte. Las clases todavía se realizaban con tapabocas y las medidas de sana distancia limitaban los espacios y el número de personas que podían compartir un salón.

Evelyn llegó a esa inauguración emocionada, pero también nerviosa. Había muchos retos por delante y no era sencillo comenzar un proyecto artístico en ese contexto. Pero desde el principio había algo que tenía claro: cada año Luz de Luna celebraría su aniversario con una puesta en escena diferente.

No quería que los escenarios fueran solamente una presentación de coreografías. Quería que quienes bailaban tuvieran la oportunidad de vivir un proceso escénico y que quienes estuvieran frente al escenario pudieran recibir algo más: una historia capaz de conectar con ellos a través de la danza.

Con el tiempo, la pandemia comenzó a quedar atrás. Los espacios pudieron abrirse nuevamente, llegaron nuevas personas y la academia comenzó a crecer. Y con ese crecimiento, también empezó a transformarse.

Crecer juntas

Grupo de distintas edades compartiendo una clase

De aquellas primeras clases de Jazz y Danza Árabe surgieron nuevos caminos: Ballet, Salsa, Flexibilidad y Acondicionamiento, diferentes niveles de Danza Árabe y espacios dedicados a la creación coreográfica. Pero uno de los rasgos que más distingue a Luz de Luna no está en la cantidad de disciplinas, sino en las personas que las comparten.

Sus grupos reúnen distintas edades y experiencias. Hay quienes llegan siendo muy pequeñas y crecen dentro de la academia; quienes comienzan durante la infancia y continúan su camino durante la adolescencia; y quienes llegan en otras etapas de la vida.

La diferencia de edades se convierte así en una fortaleza.

Las personas aprenden unas de otras, se acompañan y descubren que no necesitan ser iguales para crecer juntas. No hay lugar para sentirse más o menos que alguien por su edad, experiencia o nivel. Hay empatía. Hay apoyo. Hay ganas de crecer juntas.

Bailarinas posando casual antes de un evento

Y quizá por eso muchas personas regresan.

Porque con el tiempo, Luz de Luna deja de ser solamente un lugar para bailar y comienza a sentirse como un lugar al que se quiere volver.

Es encontrarse con las mismas personas, compartir risas, celebrar pequeños avances, acompañarse cuando algo cuesta y descubrir nuevas amistades en el camino. Es llegar sin conocer a nadie y, poco a poco, sentir que ya hay rostros que te esperan.

Porque la danza puede ser el motivo por el que llegas, pero las personas son muchas veces el motivo por el que decides quedarte.

Ser una academia reconocida por su formación artística, su calidad humana y sus propuestas de creación escénica, convirtiéndonos en un espacio de referencia donde la técnica y la sensibilidad artística se encuentren para aprender, crear, contar historias y despertar emociones. Buscamos construir una comunidad donde la danza deje huella tanto en quienes bailan como en quienes la viven.

Aquí también se aprende a estar

Detalle de una clase en el salón de Luz de Luna

Esa comunidad se construye de muchas maneras. Durante las clases existen dinámicas para que las personas puedan conocerse y aprender a trabajar como un verdadero ensamble, entendiendo que bailar juntas no significa solamente ejecutar una coreografía al mismo tiempo, sino escucharse, observarse y construir algo entre todas.

La interpretación también forma parte importante del aprendizaje. A través del teatro y diferentes ejercicios, las personas exploran emociones, personajes e historias para descubrir que el movimiento puede comunicar aquello que a veces resulta difícil poner en palabras.

Y, de vez en cuando, el salón se transforma en un pequeño espacio de conversación. En el circle time, una pregunta abre la puerta para que quienes están ahí puedan compartir, escuchar y conectar desde el respeto y el cariño. Porque en Luz de Luna también se aprende algo que trasciende la danza: estar con otras personas, escucharlas y permitirnos ser escuchados.

Una historia que sigue bailándose

Alumnas y maestre en medio de una clase

Cada aniversario ha traído una nueva puesta en escena y, con ella, nuevos retos. Cada producción ha sido diferente. Cada una ha exigido aprender, adaptarse, crear y confiar en el trabajo colectivo. Y cada una ha dejado también nuevas satisfacciones y recuerdos.

Esos escenarios son parte fundamental de la historia de Luz de Luna porque representan lo que la academia busca hacer con la danza: convertirla en una experiencia que se vive, se comparte y se recuerda.

Hoy, la academia continúa creciendo. Algunos docentes y alumnos han permanecido desde los primeros años, mientras nuevas personas llegan para comenzar su propio camino. Y cada una de ellas aporta algo a una historia que todavía se está escribiendo.

Porque Luz de Luna no busca que una persona llegue sabiendo bailar. Busca que llegue con ganas de hacerlo.

Alumnas y docentes tras una función

Aquí puede equivocarse sin miedo a las burlas. Puede intentar nuevamente. Puede aprender de quienes tienen más experiencia y, algún día, convertirse también en alguien que inspire a quienes comienzan.

La técnica se aprende. Los movimientos se perfeccionan. La confianza se construye. Y todo aquello que se descubre dentro del salón puede acompañar también fuera de él: la disciplina, la perseverancia, la expresión, el trabajo en equipo, la capacidad de confiar y el valor de atreverse a hacer algo nuevo.

Por eso, después de tantos años, la historia de Luz de Luna sigue teniendo el mismo punto de partida: la danza como un lugar donde encontrarse.

Y quizá ahora pueda convertirse también en el lugar donde comience tu propia historia.

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